Muchas veces ocurre que los muertos pueden salvarnos, o al menos mejorar nuestro nivel de vida, sin que ellos se lo hubieran propuesto cuando estaban vivos. Eso pensaba mientras caminaba hacia la salida del banco donde llegan huesos de diferentes personas. Y es que eso es lo que pasa a diario en este banco que, a diferencia de muchos otros, no busca enriquecerse como entidad, ni tampoco enriquecer a su dueño o director general. Es más, ¿sabía usted que en la esquina de la calle 119A, entre las carreras séptima y novena, de Bogotá, está ubicado el único Banco de Huesos y Tejidos de Colombia, que se encarga de obtener, procesar y almacenar huesos?
Después de haberme anunciado en recepción, me dirigí por unas escaleras hacia un segundo piso donde me recibió Martha, la recepcionista de la dirección general del banco, que con su mano me indicó que esperara un momento. Mientras ella, una mujer de baja estatura y pelo negro, hablaba por teléfono, yo observaba un cuadro que está colgado en una de las paredes de la recepción y que explica quiénes eran Cosme y Damián.
Al leer lo que está escrito en el cuadro, me enteré que la Fundación Cosme y Damián, nombre con el cual fue inaugurado el Banco de Huesos el cinco de junio de 1991, se debe a la historia de dos hermanos gemelos: San Cosme y San Damián, quienes nacieron en Arabia en el siglo III d.c. y se dedicaron a la medicina. Ellos llegaron a ser bastante reconocidos porque no les cobraban las consultas ni los remedios a las personas pobres: simplemente les pedían que escucharan lo que tenían que decir sobre Jesucristo y su religión. San Cosme y San Damián aprovecharon su popularidad para ir expandiendo el cristianismo a todos los lugares a los que llegaban, pero años después fueron sentenciados a muerte por sus predicaciones religiosas. Aparte de la pequeña historia bibliográfica de los dos hermanos gemelos, también se encuentra la historia sobre la pintura de Alonso de Sedano, en la que se ilustra una de las curaciones milagrosas realizadas por los hermanos San Cosme y San Damián, llamado “El milagro de la pierna negra”.
Todo ocurrió cuando una noche se aparecieron los santos con todos los instrumentos necesarios y le amputaron la pierna al vigilante de la basílica romana, quien sufría de gangrena, y le implantaron la pierna de un negro que había muerto en batalla ese día. Gracias a la cirugía, el vigilante recobró su capacidad para caminar. Al ser esta la primera referencia exitosa de un trasplante, el doctor José Navas Sanz de Santamaría (actual director de la fundación) y el resto de los médicos fundadores, decidieron rendirle homenaje a los santos y así también pedirles ayuda para que todos sus pacientes se pudieran beneficiar de sus tejidos.
–Pedir una cita médica en esta IPS es muy difícil –dijo Martha en voz alta mientras colgaba el teléfono con cierta desesperación y me pedía que la acompañara.
Pasamos dos puertas. La tercera era por donde yo debía ingresar. Sentada al frente de un escritorio se encontraba una mujer alta, de pelo rubio y piel blanca.
–¡Lourdes de Larrauri!, jefe de procesos del banco –fue como se presentó ella mientras me estiraba la mano para saludarme y me daba una mirada que no me hizo sentir muy bienvenido. Luego, me advirtió que para poder observar todos los procesos que le hacen a los huesos debía quedarme en una esquina sin mover ni tocar nada; simplemente observar lo que ocurre. Además es obligatorio cambiarme de ropa para poder ingresar.
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Me vestí todo de azul, desde la cabeza hasta los pies. Solo podían quedar a la vista mis ojos, nariz y boca. Usando unas polainas (recubrimiento en tela para los zapatos), pantalón, camisa y gorro, y todo estrictamente esterilizado, bajé al piso en el que se realizan los procesos. Fui recibido por Claudia y Andrea, que se están preparando para ser técnicas y que, además, son las ayudantes de Doris y Luis, los técnicos encargados de realizar los diferentes procesos. Ellos cuatro estaban vestidos exactamente igual a mí, con la única diferencia que se veían cómodos dentro de esos uniformes, mientras que yo me sentía como un niño chiquito disfrazado de ninja en Halloween.
Cuando Luis –un hombre de baja estatura y grueso bigote– me vio, lo primero que hizo fue preguntarle a Andrea, con un movimiento de la mano, quién era yo, dándome otra vez la sensación de no ser muy bienvenido, lo cual cambió con el transcurso del tiempo.
El primer procedimiento al que son sometidos los huesos es a la selección y extracción, al que no pude asistir por motivos de seguridad y protocolo, y que, además, no se realiza al interior del banco, debido a que tiene que llevarse a cabo en condiciones parecidas a las de una cirugía.
En principio todas las personas mayores de quince años y menores de setenta pueden ser donantes –me dijo Andrea para empezar a explicarme algunos conceptos que debía tener claros–, pero no todos los huesos sirven debido a las diferentes enfermedades (VIH, hepatitis B, hepatitis C) que estos pueden tener, haciendo que sean descartados.
–Como nos pasó ayer que tuvimos que desechar unos porque tenían hepatitis –añade Claudia.
Después de que los huesos son extraídos, han pasado por el periodo de cuarentena y se obtienen los resultados para descartar las posibles enfermedades, los huesos son cortados y limpiados. Para poder asistir a estos procesos me tocó lavarme las manos y brazos, pero nunca creí que algo tan elemental como eso se pudiera convertir en un procedimiento tan largo y aburrido, y lo peor de todo es que me tocó hacerlo dos veces; pues la primera vez me lavé las manos durante diez minutos y la segunda durante cinco. Pero éste no era el único requisito: también debía ponerme gafas, dos pares de guantes, tapabocas y una bata de tela, sintiéndome más incómodo de lo que ya estaba antes con mi “disfraz de ninja”.
Superado todo esto, pude entrar a la sala de corte y limpieza, en donde Luis y Doris, con la ayuda de Andrea, cortaban los huesos con una sierra y los iban moldeando según lo que necesitaran, como si fueran Botero y Negret trabajando en una escultura. Adicional al corte, algunos injertos son metidos en una licuadora, donde primero son triturados en miles de pedacitos para utilizarlos en relleno y así reconstruir defectos óseos. Posteriormente, con un poco de agua oxigenada, se les da un color amarillo y los injertos no son triturados, sino metidos en una centrifuga para removerles todo el contenido hemático.
Cuando Doris y Luis han finalizado su obra de arte, luego de dos horas y media, sólo queda el procedimiento final, en el que los injertos son empacados en tres diferentes bolsas de plástico y acompañados de un cubito de hielo para saber si estuvieron congelados a la temperatura correcta. Cuando han terminado todo el proceso de empaque, cada bolsa es marcada con un número de serie y son llevados al congelador, donde están a una temperatura de menos 84 grados centígrados durante diez días, según me cuenta Andrea, mientras llegan las pruebas finales y de esta manera saber si los injertos pueden ser transplantados.
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Cerca de cuatro semanas es lo que necesitan los diferentes injertos desde el proceso de criterio y selección hasta que los médicos, haciendo las veces de San Cosme y San Damián, realizan la cirugía para llevar a cabo el transplante y poder seguir poniendo en práctica la filosofía de ayudar al prójimo sin recibir nada a cambio. Mientras nosotros llegamos a casa cansados de la universidad o del trabajo, muchos huesos llegan a este banco para ser procesados y utilizados por alguien que seguramente los espera con anhelo desde hace un buen tiempo.
Ricardo Durán Vergara. Estudiante de comunicación social de sexto semestre de la Universidad Javeriana. Info: ricardo.duranv@gmail.com
Re-utilizar contenedores como alternativa de infraestructura comercial y de vivienda es un proyecto que en Colombia viene implementándose hace más de un año.
La idea, ya desarrollada en otros países, consiste en reciclar contenedores que después de cumplir su ciclo de vida (unos diez años), se encuentran aún en condiciones para ser adecuados como locales comerciales, oficinas, viviendas, e inclusive colegios y grandes edificios.
La tendencia de hacer un espacio comercial formado por contenedores llegó a Colombia hace un poco más de año y medio, cuando Marcela Rincón, Alejandro Botero y Eduardo Altman, después de haber trabajado varios años en arquitectura y diseño, decidieron ubicar en un parqueadero del barrio El Poblado en Medellín, dos contenedores para ser usados como oficinas y restaurantes. Con el tiempo, este proyecto fue adquiriendo gran número de público, y hoy en día cuenta con más de ocho negocios, entre restaurantes, bares, galerías y oficinas.
La iniciativa, además de revolucionar la manera de concebir los espacios de interacción social y de vivienda en las ciudades, se une a la nueva “lógica ecologista”.
Es evidente que, de manera adicional, trae consigo un próspero negocio económico, pero contribuye a la conservación del medio ambiente y, sobre todo, a reforzar en la mente de las actuales generaciones la idea de que reutilizar y reciclar, son ahora, tras la amenaza del deterioro del planeta, sinónimo de desarrollo, progreso y modernidad.
El proyecto hace parte de la iniciativa de “biosostenibilidad” que en las últimas décadas ha cogido fuerza, en especial, en los ámbitos del diseño, incluyendo vestuario, calzado, muebles y, en este caso, construcciones y espacios. Se busca reutilizar materiales que, por lo general, se desecharían, al darles nuevos usos, pretendiendo contribuir con la preservación del planeta.
En este caso, se pensó en los tradicionales contenedores, utilizados comúnmente para el transporte de todo tipo de mercancía a nivel nacional e internacional, ya sea por vía terrestre, aérea o marítima. Aunque pueda parecer exagerado, en una fábrica china de contenedores sale uno nuevo cada cinco minutos que, en sus diez u once años de vida, hace cerca de 120 viajes de un continente a otro. Sin embargo, muchos de ellos logran permanecer en buen estado y convertirse en modernos edificios de viviendas.
La construcción de grandes edificios y barrios de contenedores es posible gracias a que son fabricados con ciertas características de resistencia y seguridad. Además, están diseñados para ubicarse con facilidad uno sobre el otro.
En la actualidad, varias ciudades alrededor del mundo cuentan con urbanizaciones enteras, conformadas por contenedores que, en este caso, funcionan a la vez como viviendas, escuelas, guarderías o tiendas de una manera creativa e innovadora. Puebla, en México y Londres, en Inglaterra son algunos ejemplos.
Para Alejandro Botero, la idea de los contenedores revoluciona por completo la manera de concebir la construcción tradicional: “La hace más rápido, más fácil y reduce los costos a gran escala; por ejemplo, una construcción que normalmente, con las técnicas de construcción tradicional duraría un año, con esta idea termina en tres meses”. Sin embargo, dice que la gente aún no está preparada para aceptar un contenedor como vivienda digna: “Se tiene el concepto errado de que los contenedores, al estar por fuera de lo establecido en construcción, son sólo opciones provisionales para quienes trabajan en proyectos de construcción fuera de la urbe”, explica Botero y agrega que en Colombia el gobierno debería estudiar la posibilidad de utilizar los contenedores como viviendas provisionales dignas en caso de un desastre natural.
Por otro lado, según Eduardo Altman, se busca que este espacio funcione, no sólo en la onda comercial, sino como sitio de encuentro para exaltar el arte y la cultura. “Los diseñadores, chefs, artistas gráficos y músicos ponen todo su talento para brindarle a todas las personas una experiencia diferente, que los haga sentir, de verdad, fuera de su rutina diaria”, señaló Altman. Además, tuvieron gran éxito en los premios “Lápiz de acero 2010”, en los que quedaron entre los cinco finalistas, de 800 participantes. En la actualidad el lugar cuenta con un bar, cinco restaurantes, una galería de joyas y una oficina.
Pronto se tiene pensado hacer otros proyectos en Antioquia, que incluyen una Zona Libre II y la idea de trasladar contenedores hacia zonas rurales para utilizarlos como casas de campo y fincas recreativas, que puedan convertirse también en un atractivo turístico dentro de unos años.
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Susana Mejía Restrepo, estudiante de periodismo de la Universidad de Antioquia, Medellín. Contacto: susimejia10@hotmail.com
Con el tiempo, el perro ha adquirido un valor muy importante en la sociedad colombiana. Pasó de ser considerado el mejor amigo del hombre para convertirse en un hijo o un hermano que goza de múltiples beneficios. Hoy son comunes los sitios especialmente diseñados para ellos: hoteles, guarderías, peluquerías, redes sociales, veterinarias, agencias matrimoniales, spas, E.P.S y funerarias. A juzgar por ello, parece ser la misa el único lugar en el que a los perros les va mal.
“Sócrates”, “Pitufo”, “Kaicerito”, “Muérdeme”, “Gamincito”, “Chiripa”, “Pimienta”, “Peluche”, son tan sólo algunos de los nombres curiosos de los 400 perros que hoy están enterrados en el cementerio de Funeravet, ubicado en el municipio de La Calera. Esta funeraria, creada en el 2001 por Henry Cortés, es el único sitio en Bogotá que brinda servicios de cremación y cementerio para los perros. Aunque actualmente tienen guías para el duelo, cofres para depositar las cenizas, ataúdes y recordatorios, entre otras cosas, Cortés afirma que todo surgió como un proyecto de salud pública para evitar que las mascotas fueran tiradas a la basura. Además –añade él– la empresa se ha ido formando es gracias a las exigencias de la gente.
Cortés les explica a sus clientes que la funeraria ofrece dos servicios de cremación (proceso que se realiza en Mosquera): el básico, el cual es una cremación colectiva y los propietarios no reciben las cenizas, tiene un costo que varía entre los $110.000 y los $220.000 dependiendo del peso del animal.
La segunda opción es el servicio de lujo, en el que el perro es cremado individualmente y el propietario recibe las cenizas en un cofre. En esta modalidad, los precios oscilan desde $450.000 hasta $650.000, también dependiendo del peso del perro. En ambas modalidades las personas reciben un baúl recordatorio, una guía para el duelo y un diploma, adicional al servicio de traslado del cadáver.
Para los que prefieren el entierro, está el cementerio de La Calera. Dentro de este servicio, la persona compra un lote por cinco años, una lápida tallada en mármol y el derecho a visitar la tumba el día que se quiera. Al igual que en el servicio de cremación, los costos están dados por el peso y varían entre $350.000 y $550.000.
Mientras la vida de muchos perros culmina en este cementerio, otros están por empezar una nueva etapa educativa, a las 8 de la mañana en el Colegio Del Buen Ciudadano Canino, High Beri Land, también ubicado en La Calera. Augusto Cuellar, recreador e instructor de perros del lugar, afirma que dicha institución es la más indicada y la mejor dotada para la educación canina a diferencia de los demás colegios o guarderías. Al punto de compararlo con prestigiosos colegios para humanos. “Este es el Colegio Nueva Granada para perros”, comenta Cuellar entre risas.
La salubridad y la seguridad son dos elementos fundamentales a la hora de matricular a cualquier perro. Pues el colegio canino se reserva los derechos de admisión, de acuerdo al temperamento de cada perro, teniendo en cuenta la observación que se hace del animal en la recepción para probar su manera de comportarse, después de revisar que el perro no tenga pulgas.
El objetivo del Colegio Canino, es hacer agradable la vida de los perros por medio de los diferentes servicios prestados como: peluquería, duchas, suites, caminatas ecológicas, adiestramiento, entre otras cosas, Cuellar expresa que “los perros vienen a este sitio a divertirse, pero sobre todo a hacer caso”.
El día de los perros finaliza a las 3 de la tarde, cuando son llevados a la ruta que incluye el traslado de los perros puerta a puerta.
Y es que este tema del bienestar y de la seguridad de las mascotas es tan importante en la sociedad, que el GRUPO VIDA decidió crear Zoovida, la primera y única E.P.S para perros del país. El costo de inscripción es de $30.000 más una afiliación por un año que tiene un precio aproximado de $500.000. Al pagar dicha afiliación, Zoovida les ofrece servicio de ambulancia 24 horas, procedimientos menores, atención a domicilio, una atención de urgencias al mes, consultas médicas, instalación de microchip de identificación y sala de recuperación, entre otras.
Los medicamentos tienen un costo adicional, al igual que las cirugías de urgencias, rayos x, etc. “Funciona como una E.P.S para humanos”, afirma Diego Guatame, técnico veterinario y administrador de la clínica campestre ubicada en Chía. Y es que Zoovida no es sólo una empresa para la salud animal, también tiene otros servicios adicionales como sala de estéticas (peluquería, sala de masajes, baño en tina, recreación, adiestramientos, socialización, guardería y servicio de otología) que no tienen muchas veterinarias, agrega Guatame.
Adicionalmente, esta E.P.S para perros, que recibe entre veinte y veinticinco perros al día, también realiza eventos de Halloween en el que las mascotas concursan por ganar el premio a mejor disfraz y así poder disfrutar de algún regalo que puede ser un juguete o comida.
Cuando se trata de jugar y comer, es cuando los perros encuentran más variedad de opciones para escoger. Con el paso de los años, comer concentrado de Pedigree ya no es suficiente. Pues ahora los perros tienen salsas con sabor a carne, pollo o cerdo y de esta forma no comen lo mismo. Incluso algunos perros ya no se comen el concentrado si no tiene una de estas salsas, como es el caso de “Mateo”, un labrador dorado de 9 años.
Para los que no es suficiente con cambiar el sabor del concentrado, también pueden encontrar en el mercado galletas, barquillos o donuts de diferentes colores y sabores. En Agrocampo, por ejemplo, se pueden encontrar con sabor a queso, mantequilla de maní, tocineta y granola. En cuanto a los juegos, existen desde los huesos y pelotas tradicionales hasta juguetes de hule que emiten el sonido de diferentes animales, frisbies, cauchos de fuerza y balones de fútbol americano. En cuanto a elementos del hogar, se pueden encontrar cepillos de dientes, cepillos para peinar, enjuague bucal, camas y cobijas de diferentes tamaños y colores.
A la hora de manejar el estrés de las mascostas la mejor opción son los spas, Swimdog Spa Canino constituye uno de los mejores en Bogotá. Desde el año 2000 surge como una idea innovadora, ya que en Colombia no existía un lugar tan completo para la relajación y el adiestramiento para perros en escena (cine, comerciales, novelas, fotografías y eventos especiales) afirma Cristian Rico, etólogo y director general de dicho lugar.
El spa ofrece una variedad de servicios, desde masajes de relajación, sesiones de aromaterapia e hidroterapia hasta entrenamiento cardiovascular. Rico aclara que el método empleado para el adiestramiento de un perro se basa en un trato muy amable, mucho juego y en los comandos visuales donde los perros obedecen de acuerdo a señales aprendidas.
La etología sin duda constituye uno de los servicios más importantes dentro del negocio canino. Liliana Chauta, etóloga de Petlifecolombia, afirma que: “la etología es el estudio del comportamiento animal, donde por medio de sesiones se arreglan problemas de comportamiento tales como: ansiedad por separación, agresividad por miedos, desasosiego extremo, micción inadecuada, inhibición de la mordida, entre otros”. Además –agrega Chauta- que el tratamiento a seguir después de diagnosticar el problema es manejar tareas de liderazgo así como también sesiones de relajación. La terapia floral o aromaterapia, en ciertos casos específicos, son algunos ejemplos de ello.
Es necesario acudir al etólogo en el momento que el perro se vuelva dominante o en los que termine haciendo lo que este quiere. El valor de la consulta varía de acuerdo al tratamiento. En general los precios oscilan desde $80.000 hasta $400.000.
Cristian Rico se refiere a la etología como el estudio del comportamiento del animal, mencionando al famoso encantador de perros César Millán, quien analiza cómo se desencadenan los problemas de comportamiento del animal y busca su respectiva solución.
Lo último que le falta a los perros para completar su vida llena de lujos, antes de ir al cementerio de Funeravet, es recibir una celebración de cumpleaños. Este servicio lo ofrece la guardería Aire Libre Canino, ubicada en Tabio. Allá, aparte de tener una gran zona verde para jugar, entretenerse y dormir al aire libre, Doris León, dueña del lugar, se dedica a celebrarles los cumpleaños a los perros. La guardería es decorada con bombas, un color o un tema en especial y todos los perros deben llevar una prenda del mismo color que casi siempre es un pañuelo colgado al cuello. La comida del día no es concentrado, sino que es un ponqué especialmente preparado por Aire Libre Canino. El cumpleañero recibe regalos, juega con los otros perros, se toma fotografías y le cantan el Happy Birthday; y los invitados reciben una sorpresa al final del día.
Puede que alguno de estos perros llegue al final del día a su casa cansado, mordido o enfermo, pero finalmente feliz porque sabe que nunca se va a acostar en medio de una calle fría sin tener nada que comer; porque tiene un amo que lo quiere como a su propio hijo y que está dispuesto a pagar hasta lo impensado para que su animal tenga una vida digna. Y aunque algunos lo consideren absurdo y exagerado, y otros justo y necesario, de lo que sí se puede estar seguro es de que no se trata de una perra vida.
Ricardo Durán Vergara. Estudiante de comunicación social de sexto semestre de la Universidad Javeriana. Info: ricardo.duranv@gmail.com
