El conocimiento es, como todos saben, saber cosas. Comprender cosas.
Pero la sabiduría es otra cosa, ésta consiste en la utilización de cualquier conocimiento que se tenga, poco o mucho, para vivir mejor, para sufrir menos.
Tengo la triste hipótesis, meramente intuitiva, de que el discurso filosófico, las charlas sobre filosofía, sobretodo los filósofos hablando, además de darme conjuntivitis, pueden llegar a causarme amigdalitis. De llegar a ser cierta, como lo viene argumentando con carácter un dolor de garganta agudo que no me deja pasar saliva, la buena noticia sería que con un buen ungüento para los ojos, una cirugía ambulatoria y unos días de sólo helado y sopas frías me dejarían listo para volver a clase.
Pero quién iba a pensarlo, lo de la amigdalitis se veía venir, tiene sentido, pero… cómo imaginárselo, lejos de toda lógica: me dió diarrea.
Las silomas son como ponjas tojas que se alparan majas entre los calmos, quienes nutos y de poco esturio, se dejan incomodar con la branca aronda y ellas, las silomas, arman un osominto que hasta la mas tople de las mucarias se asimalta. Entre tanto, los calmos, empebutos como es natural y sin poder hacer más, se arrepilan sobre las silomas que se atusben plomas y salen mícolas sin una sola luma.
No me mal entienda, yo quiero a su hermana, si prefiere ignore esta impertinencia, pero mal haría en callar las letras que usted me antoja… No me he preguntado si siento algo por usted, en realidad no me interesa saberlo, posiblemente no sea nada, es solo que se encaraman sobre mi ideas, ideas por montones que me sacan de la cama… No es culpa mía, es solo que sino no puedo dormir.
…
Debería saber que soy un terrible cúmulo de justificaciones evitables y estúpidas. De ideas justificando otras, de insatisfacción, de torpeza, de ilusiones y fantasías, de planes quiméricos, de divagación, de anhelos inacabados, de reproches que creo necesitar, de esperanzas de que algo, posiblemente, va a llenarme de otra cosa diferente a restricciones.
…
Guárdeme en secreto, como a una terrible equivocación. Como si fuera yo una causa pérdida, o usted mi causa pérdida, o un mal poeta, un tipo corriente, uno que desea poco, uno a quien desear poco, uno que no compromete su pensar.
…
Encuéntreme mañana, prometo no besarla tanto.
Estoy segura. No hace falta que nadie me lo diga. Estoy segura.
Ella me gusta.
La quiero. De eso también estoy segura.
Me gustas.
Quiero que me toques. Todo el tiempo.
Quiero que me beses, cada minuto. Quiero tocarte.
Quiero verte. ¿Puedo ir a verte?
Ni siquiera quiero verte. Quiero tocarte. Ni siquiera quiero tocarte. Quiero estar contigo.
¿Quieres estar conmigo?
Ven.
Por favor, ven.
Tenía el libro entre mis manos.
Poco a poco me consumía.
Primero, como cualquier otro,
empezó por quitarme el tiempo.
Pronto me quedaría sin nada.
No había forma de advertirlo.
Lentamente, sin que lo notase,
al menos a tiempo,
se llevó mi presencia.
Al poco tiempo ya no estaba.
Dejé de verlos y ellos a mi.
No era que no les preocupara,
sucedió a un ritmo apenas perceptible.
Nadie se dió por enterado.
No hasta mucho tiempo después.
Se metió entre mi cama,
se robó mis noches.
Despacio, calculadamente,
víctima de un plan macabro,
preciso y sin pausa,
tomó mi vida.
En cambio ellas, las palabras,
cada vez más vivas,
ya no eran sólo eso,
se nutrían de lo que se me iba.
Así es como sucede…
Cada vez que empiezo uno,
termino siendo ninguno.
Breve referencia sobre el secreto que alberga la palabra suspiro en la escritura de un pequeño cuento que nunca leí
Aclaraciones. Lo que esta breve referencia pretende no es lo que pretenden otras breves referencias, suponiendo que las breves referencias referencian de manera corta y sustancial lo que pretenden referenciar. Sin embargo, el título de este escrito, lejos de ser pertinente, no porque no sea explícito en si mismo, sino porque nada tiene que ver con lo que está aquí escrito, que finalmente no referencia nada y comienza queriendo ser algo así como una referencia crítica con insinuaciones de ensayo, con anhelo de contenido poético pero finalmente nada más que palabras juntas con casi nada de sentido, un poco espero, pero sí con intenciones de descifrar el secreto que esconde la palabra ’suspiro’ en un pequeño cuento que alguna vez se escribió (…) y que yo nunca leí.
Un suspiro en el momento justo; un encuentro entre pensamientos, historia propia y ajena, emociones y un suspiro; puede desencadenar, aunque un físico posmoderno lo ponga en duda, energía anhelada y aún inimaginable por los físicos cuánticos. Pudiéndose argumentar esto sencillamente con la siguiente afirmación: “Ignorando ellos, los físicos, que fue un suspiro en el momento justo lo que precedió y quizá, no porque dude de ello sino porque sería algo arrogante de mi parte no dar el beneficio de la duda a todos los físicos que lean esto, dio inicio a aquello que llamo vida y todas sus sucesiones”. Energía capaz de todo.
Dicen también que cuando la gente suspira es porque la locura ha logrado encontrar al amor (…), y es porque siempre lo anda buscando, está enamorada quizás o simplemente loca. Pese a la intrínseca intención de esta afirmación, la de señalar que se tiene que estar loco para amar o que amar vuelve loco o lo que bien se pueda entender por la misma, y que el suspiro, lejos aún de entender sus secretos, cataliza de una manera tan especial, tan única, tan inigualable y tan inocente este encuentro; no es más que una forma un tanto poética y romántica de dar una explicación al incomprensible secreto contenido en el suspiro.
De cualquier manera, no se pueden suponer tan extravagantes propiedades a un suspiro sin tener en cuenta, al menos por un momento, que un suspiro no siempre es bueno porque bien recuerdo que suspiré, estaba sentado en la estación esperándola, y fue curiosa coincidencia la de la estación, pues yo sólo era una de ellas en su camino (…).
China’s Emperor yearning, for beauty that shakes a kingdom,
Reigned for many years, searching but not finding,
Until a child of the Yang, hardly yet grown,
Raised in the inner chamber, unseen by anybody,
But with heavenly graces that could not be hidden,
Was chosen one day for the Imperial household.
If she turned her head and smiled she cast a deep spell,
Beauties of Six Palaces vanished into nothing.
Hair’s cloud, pale skin, shimmer of gold moving,
Flowered curtains protected on cool spring evenings.
Those nights were too short. That sun too quick in rising.
read more…
He dado a entender que ya no tomo vino, que lo dejé y que ya nunca más se me vería con los labios tintos. Para ponerte al tanto, y además porque estás de cumpleaños, déjame que te lo explique. Decía que, desde hace ya un tiempo, un tiempo largo, dejé de tomar vino. Tú que me conoces debes estar aún más extrañada. Y a decir verdad el motivo no es nada usual, es decir, no se explica mejor porque dejara de gustarme o porque me traiga recuerdos ingratos o cosas por ese estilo. Te cuento porque quizá tengas algo que ver. Todo comenzó tras mi regreso del Uruguay, justo tres semanas después. Sucede que, como es natural, cuando se pierde a quien se quiere, el cuerpo de las personas sufre cambios ligeros, apenas perceptibles, como la aparición de uno o dos lunares o quizá algunas canas. Sin embargo, hay ocasiones, casos extraños, en que dichas reacciones pueden llegar a ser realmente escandalosas como te darás cuenta. Una tarde, ya en Bogotá, hubo un momento de esos en que es menester un vino. Había sido un día largo y frío, y nada habría sido mejor para descansar el ánimo. Por suerte, y como ocurre cada tanto, había una botella sobre el chiffonnier. Saqué de uno de los cajones un sacacorchos, la destapé y le dejé reposar unos segundos mientras bajaba la copa del alto mueble donde se guardan las copas. Volví, y mientras la llenaba tuve la sensación de que algo no andaba como debía, aunque siendo sincero no le presté mucha atención y pudo más el cansancio. Justo después de la segunda copa comencé a notar cómo se dibujaba, lentamente y de color rojo oscuro tu nombre sobre las yemas de mis dedos. Al principio, como te estaba pensando se me hizo normal. Me comencé a preocupar cuando, como hormigas, tu nombre comenzó a multiplicarse y a deslizarse a lo largo de mis dedos. Al cabo de unos minutos tenía las manos completamente pintadas y tu nombre se repetía más de mil veces sobre mi piel. Por suerte la botella se acabó y la invasión sólo sobrepasó los codos. Los siguientes dos días no pude salir de casa. El tercer día en la mañana mis extremidades al fin tenían su color habitual. Desde entonces no tomo vino con nadie como te podrás imaginar. Aunque debo confesar que de vez en cuando, en esas noches tristes, abro una botella y por un par de días es lindo tenerte en mis brazos.
En la vida hay que ser un tonto. Un buen tonto. Un tonto con ganas de vivir. Vulnerable. Chistoso. Un tanto idiota. Despreocupado. Que diga saber todo. Que todos sepan que no sabe nada. Que no piense mucho. Que no se preocupe. Que viva. Que viva. Que se enamore y no lo parezca. Que sufra poco. Que sea como un niño a quien hay que criar. A quien hay que enseñar. Que no se apegue a las personas. Que dé sentido e ilusión a esas otras vidas que, hundidas, sabias, oscuras y enamoradas de ellas mismas, fácilmente se apegan.

