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Construcción de género en la Monja Alférez

2011 July 4

Aunque no exista una certeza respecto a la autoría de la Historia de la Monja Alférez, es un texto que, en términos discursivos, dibuja un panorama muy claro sobre la construcción del género en la época colonial.

El caso de la Monja Alférez, una monja que escapa del convento y cambia su hábito por ropas masculinas, puede definirse como un ejemplo de travestismo, en el que un cambio de apariencia y de acciones revela una identidad social distinta, lo cual indica que culturalmente la apariencia es un primer espacio de definición de identidades. Tal como lo indica Judith Butler, el cuerpo se acomoda a los moldes de lo “socialmente hegemónico” en pro de una coherencia cultural que, para el caso de Occidente, desemboca en los juegos binarios de inteligibilidad (femenino/masculino) que operan sobre el sexo. Esta división se da a partir del supuesto de que el cuerpo es un territorio prediscursivo en el que las categorías del género son un efecto de su morfología biológica, es decir, se concibe que el cuerpo es sexuado per se y no como resultado de una inscripción de imaginarios culturales.

Sin duda el cambio que realiza la Monja Alférez es un ejemplo de la vulnerabilidad del género como construcción cultural; el travestismo en general manifiesta una desestabilización de la discursividad  entorno a lo que se ha naturalizado como el producto de una “facticidad anatómica” y revela el carácter artificial de las formas de actuar y vestir determinadas por las diferencias físicas entre hombres y mujeres.

Las definiciones de género van más allá de establecer formas de vestir y de comportarse: valoran, posicionan y otorgan una función a cada sujeto al interior de la sociedad, función que, tal como lo indica Teresa de Lauretis, incluso puede estar dada en términos de producción. En la Historia de la Monja Alférez encontramos justamente esta división sexual del espacio y de los roles sociales: antes de convertirse en hombre a los ojos de todos, la monja únicamente tenía derecho a una vida religiosa, casi eremítica, condenada a un silencio permanente y a una no-acción en la sociedad, mientras que al vestirse como un hombre tuvo influencia sobre la vida pública, su silencio se transformó directamente en acción y de hecho, llegó a participar de la causa colonizadora y expansionista del imperio español al hacer parte de sus ejércitos en América. Lo anterior nos indica que en la colonia (desde antes e incluso hasta nuestros días) el espacio de lo privado y doméstico está tradicionalmente reservado a las mujeres, mientras que las esferas públicas son el territorio del hombre. El travestirse le permite a la Monja acceder a posibilidades que, por ser mujer, le están negadas y que, en este caso, tienen que ver con lo político, con la capacidad de enunciación. La inestabilidad misma del género le permite a la Monja trocar la categoría de naturaleza por la de historia, es decir, le permite salir de la obligatoriedad de un destino para acceder a las opciones de la sociedad.

La participación de la Monja en las guerras colonizadoras la legitima hasta el punto de convertirla en un ejemplo, lo cual ha hecho ver el texto también como una hagiografía entre la crítica. Sin embargo, eso nos lleva a otro punto, y es que la ejemplaridad es únicamente masculina, y la Monja sólo puede acceder a ella, como ya lo sabemos, por su atributo de representatividad.

Si creemos en el título completo de la historia de la Monja, que  nos revela que es una autobiografía (Historia de la Monja Alférez, escrita por ella misma), nos encontraremos con otra de las características del género, que es precisamente su carácter público.

La autorrepresentación es una construcción de un discurso sobre sí mismo que constituye las posibilidades públicas de un sujeto y que le permite construir cómo quiere ser visto y entendido. En ese sentido podemos ver que los cuerpos están permanentemente expuestos a la mirada y al escrutinio de los otros, y que el género es un vehículo de desarrollo de esa significación anhelada, únicamente alcanzable en tanto esté en contacto con la sociedad, es decir: el género y su performatividad están hechos para significar dentro de un grupo, o mejor, el género se adquiere únicamente perteneciendo a un grupo, justamente porque, tal como lo indica Foucault, el género es un dispositivo de cohesión cultural regulado políticamente.

El proceder de la Monja nos demuestra que el género está en constante construcción, no es sólo un efecto, se trata de su acto mismo, de un “hacer”, se trata del conjunto de gestos, actos, deseos, signos y toda clase de medios discursivos que buscan mantenerlo legitimado. Tal como lo indica Butler “el género no debe considerarse una identidad estable o un sitio donde se funde la capacidad de acción y de donde surjan distintos actos, sino más bien como una identidad débilmente formada en el tiempo, instaurada en un espacio exterior mediante una reiteración estilizada de actos”.

La Monja Alférez  se vale de la performatividad característica del género para expulsar aquello que no le permitía una acción como sujeto social, no está de más recordar que, en los tiempos en que se escribe el texto, la mujer era poco menos que nada y su papel en la sociedad estaba bastante disminuido. Es por ello que al renunciar a la categoría de “mujer”, la Monja está renunciando a lo abyecto, reevalúa y cuestiona aquello que la convertía en otro: su travestir “es una expulsión de la que se desprende una “repulsión” que establece y refuerza identidades culturalmente hegemónicas sobre los ejes de diferenciación de sexo y sexualidad” (Butler, 262).

El travestir de la Monja no se trata de simplemente un cambio de ropa, se trata de una renuncia a lo femenino que incluso parte de lo ontológico, lo cual se manifiesta en el hecho de que se expresa como un yo masculino que, luego de quitarse el hábito y cortar su cabello, recuerda como lejana y ajena la mujer que fue antes:

“Mi padre dijo cómo se le había ido del convento aquella muchacha, y esto le traía por los contornos en su busca […] hasta que viéndome fastidiado, hube de hallar unas piedras y hube de lastimar a uno”

Lo anterior nos revela que el género, lejos de ser un aspecto ingenuo e intocable, es un medio discursivo de control y  de establecimiento de órdenes sociales y políticos que buscan crear jerarquías a partir de diferencias biológicas en pos de una reproducción y naturalización de las desigualdades sociales (Vigoyas, 182) que, para el caso del contexto histórico de la escritura de la Historia de la Monja Alférez, corresponde a una subordinación de carácter patriarcal.

BIBLIOGRAFÍA

BRODSKY, G. “Síntoma y sexuación”, revista Freudiana, nº. 34, 2002, Barcelona.

ERAÚSO, Catalina. Historia de la monja Alferez : con la ultima y tercera relación en que se hace historia de los ultimos anos y muerte de este personaje / Catalina de Erauso ; prologo Jose Berruezo, Pamplona, 1959

LAURETIS, Teresa. Las tecnologías del género, Pensar en género. Instituto Pensar, Bogotá, 2002

MARTIN, Biddi. La práctica sexual y las identidades lésbicas. Desestabilizar la teoría. Paidós, México D.F 1992

MILLER, J-a. De mujeres y semblantes Ed. Cuadernos del Pasador, 1994, Buenos Aires.

PUTNAY, Rosemarie. Feminismo radical: posiciones libertarias y culturales.

VIGOYAS, María. El concepto del género y sus avatares: Interrogantes en torno a algunas viejas y nuevas controversias. Instituto pensar, Bogotá, 2004


Sandra Milena Céspedes Coronado (Bogotá, 1989), estudiante de literatura en la Universidad Javeriana, correctora de estilo independiente y editora en Revista Hala.

Gracias por la oferta

2011 May 30

El sargento de la policía, Orobio Pedro J., se acercó a José, y le dijo:

-Amigo, ¿me recuerda?

-Claro que sí, sargento, buenos días -contestó José, temeroso.

Se puso lívido, sintió la pálida, y volvieron a la mente, una vez más, los recuerdos que lo atormentaban desde hace un mes.

José era mecánico de una bicicletería de barrio, donde trabajaba desde su niñez. El gran amor de su vida fueron las ciclas, las cuales reparaba como si de una caricia se tratara. También gustaba de montarlas y efectuaba tres veces por semana un paseo a Jamundí y sus alrededores. Su uniforme amarillo combinado con vivos rosados, su pequeña estatura, su piel negra y el abundante bello que cubría su cuerpo, producía al mirarlo un sentimiento que era una mezcla de risa y humildad.

Mientras pedaleaba soñaba que era un gran campeón, su mente se perdía en proezas y hazañas, en las que ganaba las más importantes carreras del mundo y, por supuesto, La Vuelta a Colombia. Pedaleaba solitario y le ponía gusto al paseo picándole a los postes del alumbrado con los cuales disputaba heroicos embalajes. También los árboles, las vacas y los ciclistas cargados de cantinas de leche eran víctimas de su velocidad. Cuando sentía el fragor de un pelotón de ciclistas que pasaban por su lado envueltos en sus multicolores uniformes, era tal su emoción que sus ojos se llenaban de lágrimas. ¡Cuánto hubiera querido ser uno de ellos!

Como amuletos llevaba envueltos en el sillín de la cicla los escapularios benditos del Milagroso de Buga y el de la Virgen del Carmen, para que lo protegieran de todo mal.

Pero este amor por la bicicleta fue la causa de todas sus desgracias, como lo que le había sucedido hace algunos años en que fue empujado brutalmente y golpeado por unos bandidos para robarle su primera cicla, ¡su bien más preciado! Para él fue como volver a perder a su madre. Después de esta tragedia, ahorró cinco años y se pudo comprar una Monark de carreras de segunda, igual a la de los profesionales. También decidió añadir a la protección de los santos una pistola.

Los hechos por los cuales ahora recibía la visita del representante de la ley sucedieron una mañana de domingo mientras entrenaba. Acababa de pasar el puente del río Jamundí, de regreso hacia Cali, cuando vio un jeep varado a la orilla de la carretera y dos hombres agitando las manos pidiéndole ayuda. Él siempre fue un hombre solidario, esto lo aprendió desde la época en que pagó servicio militar y fue auxiliar de enfermería en muchas batallas contra la guerrilla.

-¿Les puedo ayudar? -se ofreció amablemente.

-Sí. ¡Bájate de la bicicleta, negro hijueputa! -le gritó uno de los bandidos y le apuntó con un arma de fuego, mientras el otro lo amenazaba con un machete.

José obedeció. ¿Qué más podía hacer? Se tomó su tiempo mientras su mente buscaba una salida. Rápidamente se decidió. Sabía que en el bolsillo de atrás, junto con los bananos, el bocadillo y las galletas, tenía la pistola. Fríamente cogió la cicla, la levantó, hizo el amague de que la entregaba mansamente y la lanzó con toda su fuerza contra el bandido que le apuntaba. Su puntería -y Dios en su infinita misericordia- hizo que el golpe del plato de la cicla atinara justo en los testículos del sorprendido bandido. Éste se encogió de dolor, momento que aprovechó José para sacar la pistola y descerrajarle un tiro en medio de los ojos.

El segundo bandido fue poseído de un pánico tal que se lanzó al piso suplicando por su vida.

-¡No me mate!… ¡No me mate! –dijo, mientras su cuerpo empezó a ser presa de unas fingidas convulsiones y vomito.

José sabía que esto no era más que el teatro que hacen las ratas cuando son atrapadas para producir pesar.

-Yo no soy un asesino -contestó.

Se dispuso a continuar su camino, cuando en ésas llegó una radiopatrulla con cuatro policías. Lo detuvieron, y el comandante del grupo (un moreno de casi dos metros de estatura cuyo nombre se veía impreso, encima del bolsillo de la camisa «Orobio»), dijo:

-¿Qué pasa aquí?

-Acabo de ser atracado por estas ratas, mi sargento –dijo José distinguiendo el rango del agente-, y me defendí con esta pistola, como usted lo puede ver.

El policía miró cuidadosamente el cadáver.

-Está muñeco -sentenció.

Después se dirigió al bandido que había empezado a llorar.

-¿Cómo te llamas?

-Salvador. Y este tipo trató de robarnos el jeep -balbuceó temblando del susto.

-¡Je, je, je! Rata mentirosa -fue la respuesta.

El sargento y los agentes esculcaron detenidamente el jeep donde encontraron muchos indicios de atracos y fechorías.

-Hace días buscábamos estos atracadores -dijo-. Bueno, tarde o temprano ellos van cayendo, la vida se encarga -sentenció filosóficamente.

Luego, dirigiéndose a José le propuso con pasmosa tranquilidad:

-¿Quiere usted “quebrar” la otra rata? Por nosotros no hay problema, le damos permiso para que se desquite.

Al bandido le volvieron las convulsiones y el vómito.

-No, mi sargento. De todas maneras, ¡gracias por la oferta!

-Bueno está bien, si no quiere, no quiere, allá usted, no lo vamos a obligar. Déjenos sus datos y váyase, no se preocupe, que nosotros nos encargamos –dijo torciendo la boca al decir la última palabra.

José montó en su cicla para marcharse y vio la cara aterrada del bandido. No se alegró.

Así pasó un largo mes, hasta esa mañana en que recibió la no muy esperada visita del sargento, quien rompió el hielo diciendo.

-Gracias a Dios todo terminó bien, no hubo ningún inconveniente, yo y los muchachos nos encargamos del muñeco y del otro. Pero tenemos un problema.

-¿Cuál mi Sargento? -preguntó José muerto del susto.

-Nos debe treinta mil pesos -dijo secamente-. Tuvimos que pagar en la comandancia el valor de seis balas. A cinco mil pesos cada una.


Carlos Rómulo Marín, arquitecto egresado de la Universidad Nacional. Actualmente es profesor de la Universidad Autónoma de Occidente en Semiótica visual e Historia del cine, dirije el cine club Agarrando pueblo de la UAO.

Superman al rescate: el cómic como una forma de la emergencia

2011 May 4
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Kal… nuestra generación te
siguió a ti. Eres nuestra inspiración.
Kingdom Come
Mark Waid y Alex Ross
(n.º 1, mayo de 1996)

 

En su libro Espectáculos de realidad, Reinaldo Laddaga señala que: “Todo texto se pone en relación con otros géneros, con los cuales sus autores se encuentran en los entornos en que viven, y a los cuales recurren sistemática o casualmente para incrementar la inteligibilidad, la complejidad, la definición de su trabajo” (143). Cuando un escritor se encuentra con ciertas limitaciones o con un punto muerto en su quehacer artístico, recurre a otras artes para tomar varios elementos que le ayuden a replantear su propia literatura. Ejemplo de ello son escritores como Huysmans o José Asunción Silva que en sus novelas, À rebours y De sobremesa, respectivamente, se apoyaron en la pintura para crear ese entorno que rodeaba a sus personajes; Borges y Rulfo, que en sus cuentos y en Pedro Páramo, la novela de éste último, hicieron uso de técnicas cinematográficas; o Mario Bellatin, que se apoya en formas artísticas como el teatro y el performance para escribir sus novelas que se inscriben dentro de una vanguardia contemporánea.

El propósito del presente artículo es analizar la relación que hay entre la literatura y una forma artística popular propia del siglo XX: el cómic. Para ello se empezará por hacer unas breves precisiones sobre lo que es el cómic y se darán algunas de sus características, posteriormente se hará un recuento de ciertas novelas o de ciertos escritores que han recibido alguna influencia del cómic y finalmente se analizará la novela de Junot Díaz, La maravillosa vida breve de Óscar Wao, en la que literatura y cómic se relacionan estrechamente en su trama y en su forma narrativa.

El cómic: Definición, historia y características

Si bien el cómic es un género que goza de gran popularidad entre la gente, saliendo en medios tan diversos como periódicos, revistas de superhéroes, blogs y hasta en manuales educativos, es aún poco lo que se le ha estudiado y los primeros intentos de hacerlo académicamente se remontan hasta hace unos años. El primer libro que intenta hacer una aproximación seria y cuidadosa a esta forma de arte es Comics and Sequential Art de Will Eisner, escrito en 1985 y al que después le seguiría Understanding Comics: The Invisible Art de Scott McCloud, escrito en 1993 no como un texto sino precisamente como un cómic.

La definición que Eisner da del cómic, y que McCloud también sigue, es que se trata de un arte secuencial, es decir que es la sucesión de dos o más imágenes en un espacio determinado y que representan un tiempo. Así, se podrían encontrar algunos antecedentes de este arte secuencial a lo largo de la historia, como en las representaciones de escenas completas encontradas en tumbas egipcias; en el Tapiz de Bayeux, que data del siglo XI y que por medio de imágenes en secuencias narra la conquista de los normandos a Inglaterra o en ciertos códices encontrados en México. Sin embargo, sería Rodolphe Töpffer el que se podría considerar como el creador del cómic moderno con su obra Histoire de M. Vieux Bois, una historia satírica publicada en 1837 y que reúne varios de los elementos que se encuentran en el cómic actual.

A partir de la historia de Töpffer, se dan una serie de obras que, de una u otra manera, se podrían emparentar con el cómic, pero sería un hecho en especial el que catapultaría a este arte a un mayor público: el periódico. A fines del siglo XIX, los periódicos estadounidenses comenzaron a publicar una serie de caricaturas, entre las que se cuenta The Yellow Kid, y que pronto tuvieron éxito dentro del público y pasaron a ser regulares en todos los periódicos. En la década del treinta del siglo XX, se daría otro hecho que llevaría al cómic a un nuevo público, la invención de superhéroes como Superman o Batman, que convirtieron a este arte en ese producto de consumo masivo que es hoy en día.

Entre algunas de las características del cómic se encuentra el que al ser un arte secuencial su lectura se da por medio de imágenes, pero también de palabras. El lector del cómic se mueve a lo largo de la página (o de la pantalla, en el caso del webcómic) como si estuviera leyendo un texto escrito, de izquierda a derecha y de arriba abajo (así en las sociedades occidentales, pero de forma diferente en otras como la japonesa). Cada dibujo le muestra al lector la sucesión de un evento en un tiempo y un espacio, pero a su vez estos eventos están acompañados de textos que se encuentran estrechamente relacionados con las imágenes que se representan. De esta manera, el cómic podría ser un hibrido entre el cine y la literatura, pero se diferencia del primero en que las imágenes se encuentran sobre una página y no en movimiento en una pantalla y del segundo en que: “En la escritura con palabras el autor dirige la imaginación del lector. En los cómics la imaginación del lector ya está hecha” (Eisner, 127). Otra característica del cómic, y que se podría ver desde sus inicios, es que se trata de un arte reproductivo que busca a las grandes masas.

Literatura y cómic: encuentros cercanos

Son varios los autores que de una u otra forma se han interesado en el cómic y que han extraído algunos elementos de esta forma artística para integrarlos a sus propios proyectos literarios. Uno de los que resultan más interesantes es el enigmático escritor norteamericano Thomas Pynchon, quien no sólo ha tomado elementos del cómic para integrarlos en sus novelas sino que también ha influido fuertemente en escritores de cómics como Alan Moore, el autor de Watchmen y V for Vendetta, e incluso ha aparecido en una caricatura tan reconocida como es Los Simpsons. En Un arcoíris de gravedad (1973), la novela más reconocida de Pynchon, el personaje central, Tyrone Slothrop, lee comics de Plastic Man y adquiere una segunda identidad en la mitad de la historia: Rocketman, un superhéroe de capa y traje que realmente no tiene poderes pero cuya primera misión es la de rescatar un saco de marihuana enterrada en la Berlín ocupada por los aliados en la Segunda Guerra Mundial. El uso del cómic en esta novela, considerada como una de las obras cumbres del postmodernismo, es de gran importancia ya que en ella se puede ver cómo este arte cumple con los propósitos que ésta se propone, crear una historia que rompa con los esquemas narrativos, en la que los episodios se suceden de forma cómica y al mismo tiempo absurda, en la que aquello que parece lógico resulta siendo parte de una gran sátira.

Otros escritores norteamericanos que se han acercado al cómic son Michael Chabon y Jonathan Lethem, el primero narra en su novela ganadora del premio Pulitzer, Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, la historia de dos escritores de cómics que viven las dificultades de la Segunda Guerra Mundial y de sus dramas personales; el segundo, escribió una novela titulada La fortaleza de la soledad, haciendo clara alusión a la base secreta de Superman en el ártico y utilizando varios referentes de cómics a lo largo de su historia.

Si bien el cómic es un arte que ha tenido mayor desarrollo en el mundo anglosajón, de ahí la gran cantidad de escritores británicos y estadounidenses influenciados por éste, en Latinoamérica también se han dado ciertos encuentros entre autores reconocidos y este género popular. Uno de los primeros referentes es Julio Cortázar, quien en su novela corta (¿o cuento largo?) Fantomas contra los vampiros multinacionales (1975) combina narración escrita con imágenes extraídas de un cómic de Fantomas, personaje que poco a poco se comienza a salir de las páginas de la revista para entrar en la realidad de la narración. Otro referente latinoamericano es César Aira, que incluye en su extraña pero magnífica novela, El congreso de literatura, a un científico loco cuya única misión es la misma que la de cualquier villano de un cómic: tratar de conquistar el mundo.

Literatura y cómic en Junot Díaz

La obra de Junot Díaz se podría describir desde un principio como una de esas “producciones de las cuales es difícil decidir a qué tradición nacional o continental pertenecen –si se trata de arte “argentino”, “americano”, “francés”…” (Laddaga, EE: 11). Este escritor nacido en Santo Domingo pero criado y radicado en Estados Unidos, ha publicado hasta el momento un libro de cuentos, Drown, y una novela, La maravillosa vida breve de Óscar Wao, textos que están escritos en inglés pero en los que se describe la situación de los latinos radicados en Estados Unidos y en los que además se usa recurrentemente el “spanglish”, una hibridación entre español e inglés.

En La maravillosa vida breve de Óscar Wao, novela publicada en el 2007 y ganadora del Pulitzer en el 2008, se narra la historia de Óscar, un muchacho neoyorquino, descendiente de una familia dominicana sobre la cual recae una antigua maldición, y que se encuentra obsesionado con los juegos de rol, con la ciencia ficción de autores como Lovecraft, Asimov o Stapledon; con programas televisivos de ciencia ficción como Star Trek; con películas de ánime como Akira y con cómics como Los cuatro fantásticos, Watchmen o Superman. Estas características de nerd, sumado al hecho de que es gordo y tímido, hacen que la antigua maldición de su familia se presente en él de una manera muy singular: no logra que ninguna mujer se fijen en él. La novela se mueve, entonces, entre la vida breve de Óscar y los episodios que narran la vida de su hermana y su madre, llenos de abusos sexuales, pleitos familiares, desengaños amorosos y que muestran también la forma como se dio la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana entre 1930 y 1952.

Por ser Óscar una persona aficionada a los cómics, es natural que la historia haga una mención constante a obras que se encuentran dentro de este género. Así, se pasa de mencionar a cómics clásicos y conocidos (incluso para aquellos que saben muy poco de cómics), como Batman, Superman o X-men, a mencionar obras y autores que si bien también son clásicos, no resultan conocidos para aquellos que estén poco familiarizados con este género, como los trabajos de Daniel Clowes y de Beto Hernández. Pero esta novela no se queda en la pura mención de los cómics como material de lectura de Óscar, sino que los integra desde un principio a su narrativa. Uno de los epígrafes de la novela es una cita tomada de un cómic de Los cuatro fantásticos escrito en abril de 1966 por Jack Kirby y Stan Lee y que marcaría un hito de este género al ser una de las primeras apariciones de un archivillano bastante conocido: Galactus.

Otra forma en la que el cómic ingresa a la narración es mediante la comparación de ciertos personajes y hechos a personajes o hechos sacados del mundo de los cómics. De esta manera, cuando el narrador comienza a hablar del dictador Trujillo, lo compara con Darkseid, un villano de Superman despiadado y poderoso que tiene subyugado a su planeta Apokolips a un régimen de terror donde él es el único gobernante. En un episodio donde la madre de Óscar sobrevive a un intento de asesinato por parte de unos agentes de Trujillo, también se toman referentes claros del cómic: “Como Superman en El regreso del caballero oscuro, que drenó de una selva entera la energía fotónica que necesitaba para sobrevivir a Coldbringer, así extrajo nuestra Beli de su cólera su propia supervivencia” (Díaz 144). Will Eisner había diferenciado a la literatura del cómic diciendo que en la primera el escritor dirigía la imaginación del lector mas no imaginaba por él, mientras que en el cómic el escritor realizaba gran parte de la imaginación por el lector. En este caso, se puede ver cómo la novela dirige la imaginación del lector a un medio donde la imaginación ya está hecha, aquello que describe el narrador nos remite a una imagen concreta (ver ilustración 3), aquella en la que Superman (también conocido como Kal-El) se encuentra al borde de la muerte en el famoso cómic de Frank Miller.

El cómic también es empleado por Junot Díaz en esta novela para replantear y cuestionar elementos estructurales de la narración como lo son el narrador y la verosimilitud. Aparte de una breve intervención de Lola, la hermana de Óscar, la novela se encuentra narrada en tercera persona. El narrador, Yunior, al principio parece ser un mero cronista ajeno a la historia pero poco a poco se va relacionado más con ella. Él se enteró de aquello que relata porque fue novio de Lola, pero también porque durante sus años universitarios vivió un tiempo con Óscar y permanecieron siendo amigos (aunque lejanos) y porque es él quien finalmente se encargó de recoger esas cartas, libros y fotos que iluminaron nuevos aspectos sobre la maravillosa vida breve de Óscar Wao. Es por esto que Yunior hace comentarios en varias ocasiones sobre su verdadero rol en esta historia: “Ese culo jalaba más que una junta de bueyes. ¡Dios mío! Incluso este humilde Vigilante, repasando fotos viejas, se quedó estupefacto al ver lo tigrona que fue en su época” (Díaz 94). Los Vigilantes son la especie más antigua del universo en los cómics de Marvel y se encargan de observar lo que pasa en los diferentes planetas bajo la política de no intervenir en sus destinos, sin embargo, cuando la tierra se encuentra en problemas, Uatu, uno de los Vigilantes, interviene para ayudar a los humanos; tal como lo hace Yunior cuando ve que los problemas de Óscar con las mujeres son de enormes proporciones.

Finalmente, la verosimilitud de varios hechos que se narran en la novela se lee con el lente que proporciona el mundo de los cómics. Hay dictadores en la vida real que parecen supervillanos y el narrador puede compararse con una especie extraterrestre de un cómic, pero hay cosas que no pasan en la realidad. El narrador de la historia en algún momento nos habla de El Gánster, uno de los primeros amores de la mamá de Óscar, nos cuenta que sus orígenes son humildes pero que al convertirse en sicario empezó a escalar peldaños hasta llegar a ser uno de los hombres más importantes de Trujillo. Sin embargo ese asenso se dio también gracias a que él estaba casado con una hermana de Trujillo, noticia de la cual la mamá de Óscar sólo se entera hasta después de quedar embarazada de este hombre: “¿De verdad creyeron que hubiera sido posible que un zángano de las calles de Samaná alcanzara los peldaños superiores del trujillato sólo con su trabajo? ¡Por favor, negro, por favor: este no es un fokin cómic!” (Díaz 135). En el cómic todo es posible, en la vida real no. Ese es el descubrimiento que de diferentes maneras hará Óscar, su hermana y su madre en esta novela y que los llevará en varios momentos de la esperanza a la desilusión.

Conclusión

Este artículo hizo sólo un análisis panorámico de ciertas obras literarias que han entrado a dialogar con esta forma artística popular, diálogo que ha resultado fructífero para ambas partes ya que han sido varios los autores que se han visto influenciados entre sí y que han ayudado a revolucionar sus respectivas artes. Si bien este acercamiento se ha dado bastante en el mundo anglosajón, en Latinoamérica aún son pocos los escritores que han intentado introducir elementos del cómic en sus obras literarias, quizás se deba a que, con algunas excepciones, la publicación y difusión del cómic latinoamericano aún es escasa, o quizás se deba a que si bien todos en algún momento han leído algún cómic, son pocos los que le han prestado el cuidado y el interés que se merece.
 
 
Obras citadas

Díaz, Junot. La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Barcelona, Random House Mondadori, 2009.

Eisner, Will. Comics and Sequential Art. New York, Norton & Company, 2008.

Laddaga, Reinaldo. Espectáculos de realidad. Buenos Aires, Beatriz Viterbo Editora, 2007.
– Estética de la emergencia (EE). Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2006.

McCloud, Scott. Understanding Comics: The Invisible Art. Northampton, Kitchen Sink Press, Inc., 1993.

Ilustraciones

Ilustración 1:
McCloud, Scott. Understanding Comics: The Invisible Art. Tomado el 4 de agosto de 2010 de: Link

Ilustración 2:
Thomas Pynchon. Tomado el 4 de agosto de 2010 de: Link

Ilustración 3:
Miller, Frank. Batman: The Dark Knight Returns. New York, DC Comics, 1996.

Ilustración 4:
Watchers. Tomado el 4 de agosto de 2010 de: Link


David Mauricio Espitia (Bogotá, 1984) estudió literatura en la Universidad Javeriana de donde se graduó con su monografía El escepticismo humeano en los cuentos policiales de Borges. Actualmente se desempeña como editor y corrector de estilo independiente.