… abajo.
A veces pasa que se mira desde arriba un vaso, moviendo las alas, viendo tantas cosas, tocando tantas otras, volando, siendo una mosca. Luego algo, un olor dulce, seductor, inevitable, untado de pasión, de odio y vino llama desde el vaso. Insinuándose, cautiva a la que sobrevuela, que ingenua y distraída se acerca, se para en el borde sobre sus patitas, lo rodea, lo hace varias veces, lo abraza, se encanta, se deja llevar, cae lentamente en un trance voluntario y desinhibido, y cede, y baja acariciando las paredes traslucidas, en espiral, como si no fuera ya suficientemente malo. Todo sucede sin interrupciones, se presiente la agonía y, sin embargo, se anhela el fondo. Se sabe en lo más profundo del corazón que no hay regreso, que nunca más se va a volar.

