Ninguno
Tenía el libro entre mis manos.
Poco a poco me consumía.
Primero, como cualquier otro,
empezó por quitarme el tiempo.
Pronto me quedaría sin nada.
No había forma de advertirlo.
Lentamente, sin que lo notase,
al menos a tiempo,
se llevó mi presencia.
Al poco tiempo ya no estaba.
Dejé de verlos y ellos a mi.
No era que no les preocupara,
sucedió a un ritmo apenas perceptible.
Nadie se dió por enterado.
No hasta mucho tiempo después.
Se metió entre mi cama,
se robó mis noches.
Despacio, calculadamente,
víctima de un plan macabro,
preciso y sin pausa,
tomó mi vida.
En cambio ellas, las palabras,
cada vez más vivas,
ya no eran sólo eso,
se nutrían de lo que se me iba.
Así es como sucede…
Cada vez que empiezo uno,
termino siendo ninguno.

